8 nov. 2010

PRÍNCIPE

El rostro de un niño hombre,
congoja es su mirada, quizás demasiado.
Los rastros de un solo nombre
que perdió en el espacio aparcado.

Su cobardía está muy bien hecha
con el talento de sus complejos,
le hace ver que el triunfo pudiera
no estar cerca sino muy lejos.

El escudo que lleva es su timidez;
su espada, su resentimiento;
su peor verdad, su estupidez;
su peor mentira, su pensamiento.

¡Ah! y quiere ser alguien "grande"
con un poderoso y gris corazón,
si no cambia no hallará la llave
del cofre donde guarda la razón.

Mientras tanto sigue con corona
en su carácter de algodón
buscando si este verso entona
un poquito su descripción.